Lucrezia
Al día siguiente hacíamos como si nada hubiera pasado. Inadvertidas, ausentes, esquivándonos en las esquinas. El día anterior nos habíamos conocido casualmente, entre ectoplasmas, alrededor de una mesa camilla volante. Te rocé el cabello y sentiste una ligera brisa en la nuca, un escalofrío helado erizó tu piel y un nombre vibró en tus oídos. Lucrezia. Me sigues ignorando, pero sé que no puedes dejar de pensar en mí. Me sueñas. Te obsesionarás conmigo hasta tal punto que un día decidirás venir a buscarme.
“Naturaleza muerta resucitando” de Remedios Varo.




Alexandra Ud. construye un mausoleo de palabras donde me invita a entrar.