La nodriza
A la hora de la siesta, un sopor lánguido hacía cabecear a la nodriza en la mecedora mientras el bebé engullía voraz la leche densa y dulce que derramaban sus pechos.
Por la noche se había escabullido para alimentar a su hija. La vecina que se ocupaba de ella le había avisado de que no toleraba las papillas de pan y estaba perdiendo mucho peso.
—¡Le juro que solo fue un segundo, señora! ¡De verdad se lo juro! —gritaba desesperada mientras se cubría el rostro con las manos.
El cuerpecillo del pequeño con la cabecita girada hacia atrás yacía al final de la escalera.
Microrrelato inspirado en un disparador de Susana Mora Ramos



¡Me ha gustado mucho tu microrrelato Alexandra! Ya no solo por tu arte a la hora escribir textos ficción como este, que es de una magnifica carga dramática sino por el mensaje que trasmites; porque el horror en este caso, no nace de un villano, sino de una circunstancia muy humana y social. De una madre obligada a elegir, sin querer hacerlo, entre la supervivencia de su hija y el cuidado del hijo de otra familia. Representas esa injusticia social de las nodrizas en la historia.
El final, ¿puede ir en la línea de una denuncia social?, por ejemplo:
Aquella tarde mientras se procesaba el registro del lamentable desenlace, alguien descubre que el peligro nunca había sido el cansancio de la nodriza, sino haber convertido la maternidad en un oficio.
Buf, me ha recorrido un escalofrío. Qué imagen, qué contexto y qué manera de economizar palabras 👏.