Esperanzas mutiladas
Al alzar la mano recordó que ya no la tenía. Que un hombre blanco se la había mutilado con un machete por no recolectar suficiente caucho.
—Masika, ¿querías decir algo? —inquirió la religiosa.
La niña negó sacudiendo enérgicamente la cabeza mientras sobaba maquinalmente el muñón con la mano que le quedaba.
Microrrelato motivado por un disparador de Carlos Cervera




@Marichu Garges gracias por compartir 💜😍
Alexandra, en muy pocas palabras logras condensar una herida en la historia de la humanidad, cargada de emociones. La forma en que el cuerpo recuerda antes que la mente, esa mano que se alza por costumbre, es un recurso durísimo y perfectamente ejecutado.