Espejismo
Con las últimas fuerzas que le quedaban su madre le dibujó el mapa en el brazo.
— No te lo borres; es el único modo para que puedas llegar a la tierra prometida.
El niño siguió caminando a través del desierto. Amparándose bajo arbustos raquíticos cuando el sol hacía crepitar la arena.
Cuando ya estaba perdiendo las esperanzas un reflejo azul llamó su atención. Sin pensárselo dos veces se zambulló en el agua cristalina de un lago rodeado de una vegetación gruesa y crocante. El mapa del brazo se le había borrado. Qué más da. La tierra prometida no podía ser mejor que ese lugar.
Se quedó ahí, recostado sobre la arena, mirando hacia el cielo color mar, con la garganta seca y una sonrisa temblorosa de labios agrietados.



¡Qué bello! siempre me asombras Alexandra.