El consultorio
—A mí me parecen manchas de rotulador.
—Pero ¡¿no ves murciélagos?! ¡¿Estás segura?! —El psicoanalista comenzaba a impacientarse.
—No, solo veo manchas…¿debo ver murciélagos?
—¡Síiii!...Y en esta otra, ¿no ves una figura con una capa?
—Mmm…nop. —La joven, con la cabeza inclinada, se esforzaba por encontrar alguna forma reconocible.
—¿Y aquí? ¡Aquí hay unos colmillos! – Apuntó con tanta fuerza que casi atraviesa la lámina de cartulina —. ¿No me digas que tampoco los ves?
Un chirriar de dientes estremeció el aire rancio de cripta del consultorio.
¡Así era imposible! Los vampiros tendrían los días contados si ya no quedaban doncellas con imaginación.



Me encanta!
¡Qué microrrelato tan interesante!